El Caballero de París, habanero para siempre

caballero de paris, la habana
01/01/2018   1145 Visitas  

Rogelio Serrano Pérez
Cómo iba siquiera a sospechar la madre de José María López Lledín que aquel muchacho que a gritos le abría las entrañas y le alegraba otra vez la vida terminaría siendo un famoso al otro lado del Atlántico.


Josefa Lledín Méndez, la madre de aquella criatura, la cuarta del matrimonio que tendría otros siete hijos, no atinaba a nada más que no fuera recuperarse del parto. Aquel 30 de diciembre de 1899 no era más ni menos frío que otros 30 de diciembre en Lugo, España. La mañana no daba siquiera una señal de que un personaje histórico nacía en aquella casa.


Los vinos y el aguardiente sacados a los viñedos de la pequeña villa familiar pagaron los estudios primarios. Pero a mediados de la secundaria José María abandonó la escuela y, con solo 12 años, se embarcó a Cuba.


Según cuenta Inocencia, su hermana, él siempre tuvo buenos gustos: música, lecturas, confort... Su hábito de lo bueno lo llevó a enamorarse de Merceditas, la hija de un médico de Fonsagrada. Le escribió un sinnúmero de versos y permaneció con ella hasta su lecho de muerte, donde juró que jamás se casaría. Y lo cumplió.


En Cuba lo estaban un tío, un cuñando y su hermana Inocencia, que había llegado a la isla en 1910. Mientras estuvo al amparo del tío, trabajó en la bodega de otro gallego. Luego, cuando quiso seguir su propio camino, trabajó como empleado en una floristería, como sastre, en una tienda de libros y en una oficina de abogados. 

Estudió y refinó sus maneras para conseguir mejores empleos, y lo logró. Le pagaron mejor como sirviente de restaurante en hoteles como Inglaterra, Sevilla Royal Palm y Saratoga. Se dice que llegó a hablar algo de inglés. José María perdió la cordura tras un arresto en 1920 por un crimen que no había cometido. La transgresión sigue en el misterio. Unos hablan de robo de billetes de lotería, otros de asesinato, robo en una bodega, robo de joyas y hasta celos.


Pero la cárcel no fue suficiente explicación. Muchos añadieron a la leyenda del Caballero una novia parisina, y aseguran que se carteaba con ella. Y más, dicen que, la enamorada decidió viajar a La Habana para conocerlo, pero el barco en que venía naufragó y la tragedia significó la locura para él, desde entonces el Caballero de París.


Sobre el origen de su apodo también hubo teorías… Él mismo aseguró dos versiones. En una aseguró haber salido de una novela titulada Francesas. La otra explicación se la achacó a las gentes, que según él, le empezó a llamar el Caballero en la Acera del Louvre, situada en el Paseo del Prado, donde se encuentra el hotel Inglaterra.


También cuentan que el apodo se lo dio el semanario humorístico Zig Zag. Otros aseguraron que, trabajando en el restaurante París, un día llegó diciendo que era un caballero, ¡un rey! De inmediato los clientes le empezaron a llamar el Caballero de París.


Al inicio de su vida como vagabundo su refinada vestimenta, que pudo también dar origen a su apodo y reforzarlo, permaneció pulcra, tanto, que por ese tiempo se le atribuyó un amorío con una secretaria de un jefe de una compañía azucarera.


El “Caballero” nunca viajó fuera de La Habana después de comenzar su padecimiento mental. Durmió casi siempre en la esquina de Infanta y San Lázaro, y frecuentó las rutas de ómnibus 19 y 32, para recorrer desde los suburbios urbanos hasta las zonas más céntricas.


Su familia intentó varias veces regresarlo a España, pero él se negó y hasta amenazó con matarse si lo obligaban a embarcar. También quisieron sacarlo de las calles, pero la insistencia del “Caballero” les frustró cualquier esperanza. Al triunfo de la Revolución su familia salió de Cuba y él quedó atrás.


Sus últimos años los pasó internado en el en el Hospital Psiquiátrico de La Habana en Mazorra, en las afueras de La Habana, como acto humanitario, pues entonces su estado físico era deplorable. Bañado, limpio, trenzado su cabello y con un traje negro a su usanza murió en la madrugada del 11 de julio de 1985.


Los cuentos que inspiró, las canciones, los artículos, las estatuas… pocas personas en el mundo con un diagnóstico de parafrenia han llegado a ser motivo de tanta atención. Sin dudas, no podía Josefa en aquel Lugo invernal de 1899 que su hijo José María se convertiría en el más famoso atorrante que ha tenido La Habana.
 

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